Cocina Cosmética

Cómo hacer jabón casero de aceite de oliva para pieles muy secas

2026.07.09
Jabón casero de aceite de oliva para piel muy seca, pastillas curadas listas para usar

No es fácil saber cuánta sosa cáustica hace falta exactamente para convertir un bol de aceite de oliva en una pastilla de jabón que no te deje la piel tirante. Yo tampoco lo sabía la primera vez que lo intenté, y eso que ya llevaba cuatro años trasteando con cosmética natural en mi propia cocina. Cada invierno mi piel seca me empujaba a comprar geles de ducha cada vez más caros y con nombres cada vez más largos, hasta que decidí volver a lo que hacía mi abuela sin darle mayor vuelta: un jabón casero de aceite de oliva, sin adornos.

Antes de llegar aquí probé de todo, incluido un frasco de aceite de argán puro que me apliqué sin diluir una noche, convencida de que cuanto más concentrado, mejor para la sequedad. A la mañana siguiente tenía la cara brillante como un plato y varios granos nuevos asomando en la barbilla. Esa mancha de aceite que todavía tengo grabada en la esquina de la baldosa blanca de mi encimera me recuerda, cada vez que cocino jabón, que en esto de la cosmética casera lo puro no siempre es lo que la piel necesita.

El aceite de oliva no necesita ayuda de diez ingredientes más

Cuando empiezas a leer sobre saponificación te bombardean enseguida con listas de diez aceites distintos: que si coco para la espuma, que si manteca de cacao para la dureza, que si ricino para que no se seque la piel. Para una piel tan seca como la mía, sin embargo, el aceite de oliva virgen extra basta y sobra, el mismo que uso para aliñar la ensalada, sin refinar ni tratar industrialmente. La saponificación no es más que la reacción entre ese aceite y la sosa cáustica: las moléculas de grasa se rompen y se reorganizan hasta convertirse en jabón, liberando glicerina por el camino, que es justo lo que le da a esta pastilla esa sensación cremosa en la piel.

El primer tropiezo llegó cuando quise subir el sobreengrasado (ese aceite extra que se añade a propósito para que no reaccione entero con la sosa) hasta un 15%, siguiendo un consejo que leí por ahí para pieles secas. Fue un desastre: el aceite libre que no llega a saponificar se oxida rápido dentro del bloque y acaba oliendo a rancio, cuando no directamente irritando la piel que se supone que iba a cuidar. Ahora me quedo en un término medio — ni un jabón desnudo de grasa ni una pastilla que se deshace de puro aceite suelto — porque el equilibrio es lo que de verdad marca la diferencia entre un jabón que hidrata y uno que se echa a perder en la jabonera.

Aceite de oliva virgen extra vertiéndose en un bol de acero inoxidable para preparar jabón casero de piel seca

Lo que necesitas tener sobre la encimera

No hace falta complicarse comprando nada exótico. Uso el mismo aceite de oliva virgen extra de las ensaladas, evito los aceites refinados que ya han perdido toda su gracia, y me aseguro de que cualquier cacharro que toque la sosa sea de acero inoxidable o cristal — nunca aluminio, porque la sosa se lo come y te arruina el cazo entero. Con tres cosas basta: el aceite de oliva como protagonista absoluto, la sosa cáustica (hidróxido de sodio) con una pureza mínima recomendada del 99% — si compras una del 80% pensada para desatascar tuberías el jabón no cuaja bien y encima te arriesgas a quemarte —, y agua destilada, para que ningún mineral raro se meta en medio de la reacción.

Mi vecina Herminia, que hace poco se animó a preparar su propia crema de manos, se pasó por casa la semana pasada y me preguntó cuántos ingredientes raros llevaba todo esto. Le enseñé los tres botes sobre la encimera: aceite, sosa, agua, pesados en mi báscula digital, esa que tarda una eternidad en asentarse cuando la cantidad baja de los cinco gramos, así que para las dosis pequeñas de sosa me armo de paciencia hasta que el número deja de parpadear. Ninguno de los tres necesitó traducción, y creo que eso fue lo que más la convenció. Si tienes dudas sobre algún término de los que uso aquí, en mi glosario de ingredientes de cosmética natural casera explico este tipo de nomenclatura INCI sin palabras raras de laboratorio. El dato que sí anoté en mi cuaderno como oro puro es el índice de saponificación del aceite de oliva con sosa (NaOH), que es de 0.134 — ese número, y no la intuición, es el que decide cuánta sosa necesitas para que todo el aceite se convierta en jabón sin que sobre ni falte.

Mezclar sin miedo: sosa, agua y paciencia

Cierro la puerta de la cocina para que ni crías ni animales anden cerca, y dejo la ventana pequeña que da al patio interior entreabierta — la abro del todo en cuanto noto que el vapor de la sosa empieza a picar en la garganta. Siempre echo la sosa sobre el agua, nunca al revés, porque al revés tienes un volcán asegurado encima del fregadero. Los vapores son fuertes de verdad; uso mascarilla y gafas porque una vez me saltó una gota diminuta y picó como mil demonios. Cuando la mezcla se vuelve transparente y pierde temperatura, la vierto despacio sobre el aceite de oliva, que aquí hace de aceite portador tal cual — parecido al que uso en mi sérum facial, solo que en este caso sí reacciona con la sosa en vez de quedarse tal cual sobre la piel.

Ahí entra la batidora de mano. No hacen falta las horas de cuchara de madera de nuestras abuelas — enciendes y ves cómo el aceite dorado empieza a espesar. Hay un momento muy concreto en el que la mezcla pasa de líquida a parecer una natilla densa y dorada; a eso lo llamamos "traza". A diferencia de cuando monto una crema, donde el reto es que el agua y el aceite se queden unidos en una emulsión estable sin separarse nunca, aquí busco justo lo contrario: que reaccionen entre sí hasta que ya no quede ni agua ni aceite tal cual, solo jabón. Si levantas el brazo de la batidora y el chorro que cae deja dibujo sobre la superficie durante un segundo antes de hundirse, ya la tienes.

Mezcla de jabón casero de aceite de oliva alcanzando el punto de traza con la batidora, textura de natilla dorada

El día en que la traza no llegaba y casi lo dejo

En uno de mis primeros intentos con esta receta me puse nerviosa porque la traza no acababa de llegar. Batí de más, la mezcla se calentó y empezó a separarse: un líquido aceitoso arriba y un mazacote espeso abajo, como si se hubiera cortado una mayonesa. Si te pasa, no entres en pánico — dejando reposar la mezcla diez minutos y volviendo a remover suavemente con una espátula casi siempre se arregla sola. El jabón de oliva puro es "perezoso", tarda mucho más en trazar que uno con coco o palma, así que la paciencia aquí no es opcional.

Para las noches de invierno en que la piel pide algo más, suelo completar la rutina con una manteca corporal casera para piel muy seca después de la ducha — ahí sí entra en juego un conservante, porque cualquier fórmula con agua que vaya a quedarse semanas en el bote lo necesita, cosa que este jabón, al ser sólido y sin fase acuosa libre, no pide. Pero el jabón sigue siendo la base: sin él, empiezo el día con la piel ya protestando antes incluso de vestirme.

Cuarenta días de curado que no se pueden acortar

Moldes de silicona rellenos con jabón casero de aceite de oliva recién hecho, antes del curado de 40 días

Una vez que esa "natilla" dorada está en los moldes —uso los de silicona de repostería, son los que mejor desmoldan— llega la parte más difícil: esperar. El tiempo mínimo de curado para un jabón cien por cien de oliva es de cuarenta días, y no es un capricho ni una tradición sin sentido: durante ese tiempo el agua se evapora, la pastilla se endurece y el pH se estabiliza. Si lo usas antes de tiempo pica, porque la sosa todavía no ha terminado de "hacer las paces" con el aceite. Y ya que hablamos de proporciones, la lógica es parecida a la que sigo cuando calculo la cera de un bálsamo labial: hay un margen que funciona y otro que no, y solo se descubre pesando, no improvisando.

Dejé mis pastillas en un estante oscuro y seco de la despensa, junto al tarro de cristal etiquetado a mano donde guardo la sosa sobrante. Cuando por fin llegó el momento de probarlas, el color había pasado de aquel verde amarillento recién hecho a un crema suave y uniforme.

Cómo saber si tu piel (y tu pelo) lo están notando

Pastillas de jabón casero de aceite de oliva ya curadas, listas para piel muy seca

La primera vez que me lavé en la ducha con esta pastilla ya curada me sorprendió. No esperes una espuma escandalosa de anuncio de televisión — el jabón de oliva puro hace una espuma pequeña y cremosa, casi como una leche limpiadora. Lo que de verdad noté fue al salir: nada de esa tirantez que me hacía querer rascarme hasta los codos, ni el picor de siempre en las rodillas. Llevaba ya siete semanas lavándome también el pelo con esta misma pastilla cuando, una mañana cualquiera al salir de la ducha, me pasé los dedos por el pelo mojado y no encontré esa rigidez de cartón que arrastraba desde hacía tiempo — estaba suave, simplemente suave, sin nada más que contar.

Le conté esto a Itziar, mi compañera del grupo de Telegram de cosmética casera, y me recordó que ella nunca perfuma sus jabones de oliva — prefiere dejar que hable el aceite solo. Aun así, la próxima tanda pienso probarla con un chorrito del hidrolato de lavanda que me manda de vez en cuando desde el País Vasco cuando le sobra. También he empezado a lavarme las manos con esta pastilla todo el día, ahora que vivimos pegados al gel hidroalcohólico, y las cutículas ya no se me agrietan como antes.

Si te animas a probarlo, recuerda que cada piel es un mundo aparte: haz siempre una prueba pequeña en la parte interna del brazo antes de usarlo por todo el cuerpo, sobre todo si tienes la piel reactiva. Y si te queda aceite de oliva de la tanda y te apetece seguir trasteando, hace poco escribí sobre una receta de mascarilla capilar casera para pelo seco que parte de una base parecida y deja el pelo bastante mejor tras el verano.

De estos años metiendo las manos en la sosa me llevo una lección sencilla: antes de ponerte cualquier cosa en la piel, cuenta los ingredientes. Si te caben en una sola mano y sabes pronunciar cada uno sin trabarte, vas por buen camino; si necesitas el glosario para la mitad de la lista, mejor pregunta antes de untarte nada. Este jabón de tres ingredientes es, para mí, la prueba de que no hace falta una fórmula complicada para que la piel deje de protestar.